domingo, 25 de septiembre de 2016

Cosmovisiones de los Pueblos Originarios y Confrontación Cultural - Omar Paladini


Una cosmovisión es una visión del mundo, es una imagen general de la existencia, visión de la realidad de una persona, de una sociedad, de una cultura; se forman en una época determinada; y a partir esas cosmovisiones las personas y sociedades se interpretan a si mismas y a todo lo existente.

Con esas cosmovisiones definen los diversos campos de la vida, la política, la economía, la ciencia, la religión, la moral, la filosofía, y toda actividad humana. 


La cosmovisión como trasfondo de creencias opera en la manera en que una sociedad o persona percibe el mundo y lo interpreta.

Las cosmovisiones de los pueblos originarios de América, desde Alaska en el norte hasta Tierra del Fuego en el sur, son el polo opuesto de las ideologías sostenidas y llevadas adelante por los neoliberales que ejercen el poder en el mundo.

De ahí el accionar permanente en su aniquilación ya que no son funcionales al sistema dominante actual.

Anteriormente, hasta hace un par de décadas nomas, las cosmovisiones de los distintos pueblos del mundo estaban muy filtradas y deformadas por las visiones de los poderes dominantes (el dinero y el poder como valor central).

El rescate del Buen Vivir, dicho en términos de pueblos originarios, del buen vivir en plenitud física y espiritual, integral, en unidad interna y con todo lo existente, no coincide con las visiones individualistas egocéntricas, en las cuales se centran las posturas más extremas del poder neoliberal actual -y fascistas en última raíz- en el mundo.

La discriminación sigue siendo el eje de un genocidio; crimen que comenzó con los pueblos originarios hace más de 500 años, que produjo entre 60 y 100 millones de muertes en esa primera etapa;

se extendió al África después, tomando seres humanos como esclavos y trayendolos a trabajar en las colonias americanas;

y se agudizo ese genocidio a fines del siglo XIX con grandes matanzas para quedarse con las tierras que habitaban;

avance que de una forma u otra se extiende hasta nuestros días, con la expulsión del territorio que habitan, violenta a veces, otras a través del hambre, el envenenamiento con agrotóxicos u otros métodos igualmente crueles;

expulsión que tiene como fin extender las agrotóxicas areas de monocultivo, y de las mineras extractivas envenenadoras del agua, la tierra, y el aire.
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sábado, 24 de septiembre de 2016

Bodhidharma y el Primer Encuentro con el Emperador


"... Al entrar a China, Bodidharma llevaba uno de sus zapatos sobre la cabeza. 

El emperador había venido a recibirlo. Se sintió incómodo: ¿Qué clase de hombre era éste? 

Había estado esperando tanto, mientras pensaba: “viene un gran hombre sagrado, un gran santo y sabio.” ¡Y ahora este hombre se porta como un payaso! El emperador se sentía incómodo y molesto. 

Y, en la primera oportunidad que tuvo, le preguntó a Bodhidharma:

"¿Qué estás haciendo? La gente se ríe, y también se ríe de mí por haber venido a recibirte. 

Y el modo en que te comportas no es manera de comportarse. ¡Deberías actuar como un santo!"

Bodhidharma le respondió: "Sólo aquellos que no son santos se comportan como tales. Yo soy un santo. Únicamente quienes no son santos se comportan como tales."

El emperador dijo: "No puedo entender por qué llevas un zapato en la cabeza. Pareces un payaso."

Replicó Bodhidharma: "Sí, porque lo que se puede ver es siempre una payasada. Sólo lo invisible…

Verte aquí parado como un emperador, ataviado con una vestimenta especial, coronado, es payasesco. 

Sólo para decirte eso llevaba mi zapato en la cabeza. Todo esto no es más que actuación y payasada. Lo real no está allí en la periferia.

Mírame a mí, no mires mi cuerpo. Es muy simbólico que lleve un zapato sobre la cabeza. Yo digo que, en la vida, nada es sagrado ni profano. 

Hasta un zapato es tan sagrado como tu cabeza. Llevo este zapato como un símbolo...".


Sermón del Despertar - Bodhidharma - http://omarpal.blogspot.com.ar/2013/03/sermon-del-despertar-bodhidharma.html
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Fragmento extraído de: http://aprendetaichi.com/2009/05/historia-mito-y-leyendas-sobre-bodhidarma-o-damo/
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viernes, 16 de septiembre de 2016

De la esclavitud - Aristóteles


Aristóteles - Política - libro primero, capítulo II - De la esclavitud -

Ahora que conocemos de una manera positiva las partes diversas de que se compone el Estado, debemos ocuparnos ante todo del régimen económico de las familias, puesto que el Estado se compone siempre de familias. 

Los elementos de la economía doméstica son precisamente los de la familia misma, que, para ser completa, debe comprender esclavos y hombres libres. 

Pero como para darse razón de las cosas, es preciso ante todo someter a examen las partes más sencillas de las mismas, siendo las partes primitivas y simples de la familia el señor y el esclavo, el esposo y la mujer, el padre y los hijos, deberán estudiarse separadamente estos tres órdenes de individuos, para ver lo que es cada uno de ellos y lo que debe ser. 

Tenemos [22] primero la autoridad del señor, después la autoridad conyugal, ya que la lengua griega no tiene palabra particular para expresar esta relación del hombre a la mujer; y, en fin, la generación de los hijos, idea para la que tampoco hay una palabra especial. 

A estos tres elementos, que acabamos de enumerar, podría añadirse un cuarto, que ciertos autores confunden con la administración doméstica, y que, según otros, es cuando menos un ramo muy importante de ella: la llamada adquisición de la propiedad que también nosotros estudiaremos.

Ocupémonos desde luego del señor y del esclavo, para conocer a fondo las relaciones necesarias que los unen, y ver al mismo tiempo si podemos descubrir en esta materia ideas que satisfagan más que las recibidas hoy día.

Se sostiene por una parte, que hay una ciencia, propia del señor, la cual se confunde con la del padre de familia, con la del magistrado y con la del rey, de que hemos hablado al principio. 

Otros, por lo contrario, pretenden que el poder del señor es contra naturaleza; que la ley es la que hace a los hombres libres y esclavos, no reconociendo la naturaleza ninguna diferencia entre ellos; y que por último la esclavitud es inicua, puesto que es obra de la violencia{6}.

Por otro lado, la propiedad es una parte integrante de la familia; y la ciencia de la posesión forma igualmente parte de la ciencia doméstica, puesto que sin las cosas de primera necesidad, los hombres no podrían vivir y menos vivir dichosos. 

Se sigue de aquí que, así como las demás artes necesitan, cada cual en su esfera, de instrumentos especiales, para llevar a cabo su obra, la ciencia doméstica debe tener igualmente los suyos. 

Pero entre los instrumentos, hay unos que son inanimados y otros que son vivos; por ejemplo, para el patrón de una nave, el timón es un instrumento sin vida, y el marinero de proa un instrumento vivo, pues en las artes al operario, se le considera como un verdadero instrumento. 

Conforme al mismo principio, puede decirse que la propiedad no es más que un instrumento de la existencia, la riqueza una porción de instrumentos, y el [23] esclavo una propiedad viva; sólo que el operario, en tanto que instrumento, es el primero de todos. 

Si cada instrumento pudiese, en virtud de una orden recibida o, si se quiere, adivinada, trabajar por sí mismo, como las estatuas de Dédalo{7} o los trípodes de Vulcano{8} «que se iban solos a las reuniones de los dioses»; 

si las lanzaderas tejiesen por sí mismas; si el arco tocase solo la cítara, los empresarios prescindirían de los operarios, y los señores de los esclavos. 

Los instrumentos, propiamente dichos, son instrumentos de producción; la propiedad, por lo contrario, es simplemente para el uso. 

Así, la lanzadera produce algo más que el uso que se hace de ella; pero un vestido, una cama, sólo sirven para este uso. 

Además como la producción y el uso difieren específicamente, y estas dos cosas tienen instrumentos que son propios de cada una, es preciso que entre los instrumentos de que se sirven haya una diferencia análoga. 

La vida es el uso y no la producción de las cosas, y el esclavo sólo sirve para facilitar estos actos que se refieren al uso. 

Propiedad es una palabra que es preciso entender como se entiende la palabra parte: la parte no sólo es parte de un todo, sino que pertenece de una manera absoluta a una cosa distinta que ella misma. 

Lo mismo sucede con la propiedad; el señor es simplemente señor del esclavo, pero no depende esencialmente de él; el esclavo, por lo contrario, no es sólo esclavo del señor, sino que depende de éste absolutamente. 

Esto prueba claramente lo que el esclavo es en sí y lo que puede ser. 

El que por una ley natural no se pertenece a sí mismo, sino que, no obstante ser hombre, pertenece a otro, es naturalmente esclavo. 

Es hombre de otro el que en tanto que hombre se convierte en una propiedad, y como propiedad es un instrumento de uso y completamente individual.

Es preciso ver ahora si hay hombres que sean tales por naturaleza o si no existen, y si, sea de esto lo que quiera, es justo y útil el ser esclavo, o bien si toda esclavitud es un hecho contrario a la naturaleza. 

La razón y los hechos pueden resolver fácilmente estas cuestiones. 

La autoridad y la obediencia no son sólo cosas necesarias, sino que son eminentemente útiles. 

Algunos seres, desde el momento en que nacen, están destinados, [24] unos a obedecer, otros a mandar; aunque en grados muy diversos en ambos casos. La autoridad se enaltece y se mejora tanto cuanto lo hacen los seres que la ejercen o a quienes ella rige. 

La autoridad vale más en los hombres que en los animales, porque la perfección de la obra está siempre en razón directa de la perfección de los obreros, y una obra se realiza donde quiera que se hallan la autoridad y la obediencia. 

Estos dos elementos, la obediencia y la autoridad, se encuentran en todo conjunto formado de muchas cosas, que conspiren a un resultado común, aunque por otra parte estén separadas o juntas. 

Esta es una condición que la naturaleza impone a todos los seres animados, y algunos rastros de este principio podrían fácilmente descubrirse en los objetos sin vida: tal es, por ejemplo, la armonía en los sonidos. Pero el ocuparnos de esto nos separaría demasiado de nuestro asunto.

Por lo pronto el ser vivo se compone de un alma y de un cuerpo, hechos naturalmente aquella para mandar y éste para obedecer. 

Por lo menos así lo proclama la voz de la naturaleza, que importa estudiar en los seres desenvueltos según sus leyes regulares y no en los seres degradados. 

Este predominio del alma es evidente en el hombre perfectamente sano de espíritu y de cuerpo, único que debemos examinar aquí. 

En los hombres corrompidos o dispuestos a serlo, el cuerpo parece dominar a veces como soberano sobre el alma, precisamente porque su desenvolvimiento irregular es completamente contrario a la naturaleza. 

Es preciso, repito, reconocer ante todo en el ser vivo la existencia de una autoridad semejante a la vez a la de un señor y la de un magistrado; el alma manda al cuerpo como un dueño a su esclavo; y la razón manda al instinto como un magistrado, como un rey; porque evidentemente no puede negarse, que no sea natural y bueno para el cuerpo el obedecer al alma, y para la parte sensible de nuestro ser el obedecer a la razón y a la parte inteligente. 

La igualdad o la dislocación del poder, que se muestra entre estos diversos elementos, sería igualmente funesta para todos ellos. 

Lo mismo sucede entre el hombre y los demás animales: los animales domesticados valen naturalmente más que los animales salvajes, siendo para ellos una gran ventaja, si se considera su propia seguridad, el estar sometidos al hombre. 

Por otra parte la relación de los sexos es análoga; el uno es superior al otro; éste está hecho para mandar, aquél para obedecer. [25]

Esta es también la ley general, que debe necesariamente regir entre los hombres. Cuando es uno inferior a sus semejantes, tanto como lo son el cuerpo respecto del alma y el bruto respecto del hombre, y tal es la condición de todos aquellos en quienes el empleo de las fuerzas corporales es el mejor y único partido que puede sacarse de su ser, se es esclavo por naturaleza. 

Estos hombres, así como los demás seres de que acabamos de hablar, no pueden hacer cosa mejor que someterse a la autoridad de un señor; porque es esclavo por naturaleza el que puede entregarse a otro; y lo que precisamente le obliga a hacerse de otro, es el no poder llegar a comprender la razón, sino cuando otro se la muestra, pero sin poseerla en sí mismo. 

Los demás animales no pueden ni aun comprender la razón, y obedecen ciegamente a sus impresiones. 

Por lo demás, la utilidad de los animales domesticados y la de los esclavos son poco más o menos del mismo género. Unos y otros nos ayudan con el auxilio de sus fuerzas corporales a satisfacer las necesidades de nuestra existencia. 

La naturaleza misma lo quiere así, puesto que hace los cuerpos de los hombres libres diferentes de los de los esclavos, dando a éstos el vigor necesario para las obras penosas de la sociedad, y haciendo, por lo contrario, a los primeros incapaces de doblar su erguido cuerpo para dedicarse a trabajos duros, y destinándolos solamente a las funciones de la vida civil, repartida para ellos entre las ocupaciones de la guerra y las de la paz.

Muchas veces sucede lo contrario, convengo en ello; y así los hay que no tienen de hombres libres más que el cuerpo, como otros sólo tienen de tales el alma. 

Pero lo cierto es que si los hombres fuesen siempre diferentes unos de otros por su apariencia corporal como lo son las imágenes de los dioses, se convendría unánimemente en que los menos hermosos deben ser los esclavos de los otros; y si esto es cierto, hablando del cuerpo, con más razón lo sería hablando del alma; pero es más difícil conocer la belleza del alma que la del cuerpo.

Sea de esto lo que quiera, es evidente que los unos son naturalmente libres y los otros naturalmente esclavos; y que para estos últimos es la esclavitud tan útil como justa.

Por lo demás, difícilmente podría negarse que la opinión contraria encierra alguna verdad. La idea de esclavitud puede entenderse de dos maneras. 

Puede uno ser reducido a esclavitud y permanecer en ella por la ley, siendo esta ley una convención [26] en virtud de la que el vencido en la guerra se reconoce como propiedad del vencedor; derecho que muchos legistas consideran ilegal, y como tal le estiman muchas veces los oradores políticos, porque es horrible, según ellos, que el más fuerte, sólo porque puede emplear la violencia, haga de su víctima un súbdito y un esclavo{9}.

Estas dos opiniones opuestas son sostenidas igualmente por hombres sabios. La causa de este disentimiento y de los motivos alegados por una y otra parte es, que la virtud tiene derecho, como medio de acción, de usar hasta de la violencia, y que la victoria supone siempre una superioridad laudable en ciertos conceptos. 

Es posible creer por tanto que la fuerza jamás está exenta de todo mérito, y que aquí toda la cuestión estriba realmente sobre la noción del derecho, colocado por los unos en la benevolencia y la humanidad y por los otros en la dominación del más fuerte. 

Pero estas dos argumentaciones contrarias son en sí igualmente débiles y falsas; porque podría creerse en vista de ambas, tomadas separadamente, que el derecho de mandar como señor no pertenece a la superioridad del mérito.

Hay gentes que, preocupadas con lo que creen un derecho, y una ley tiene siempre las apariencias del derecho, suponen que la esclavitud es justa cuando resulta del hecho de la guerra. 

Pero se incurre en una contradicción; porque el principio de la guerra misma puede ser injusto, y jamás se llamará esclavo al que no merezca serlo; de otra manera los hombres de más elevado nacimiento podrían parar en esclavos, hasta por efecto del hecho de otros esclavos, porque podrían ser vendidos como prisioneros de guerra. 

Y así los partidarios de esta opinión{10} tienen el cuidado de aplicar este nombre de esclavos sólo a los bárbaros, no admitiéndose para los de su propia nación. 

Esto equivale a averiguar lo que se llama esclavitud natural; y esto es precisamente lo que hemos preguntado desde el principio.

Es necesario convenir en que ciertos hombres serían esclavos en todas partes, y que otros no podrían serlo en ninguna. 

Lo mismo sucede con la nobleza: las personas de que acabamos de [27] hablar, se creen nobles, no sólo en su patria, sino en todas partes; pero por el contrario, en su opinión los bárbaros sólo pueden serlo allá entre ellos; suponen, pues, que tal raza es en absoluto libre y noble, y que tal otra sólo lo es condicionalmente. 

Así la Helena de Theodecto exclama:

¿Quién tendría el atrevimiento de llamarme esclava
descendiendo yo por todos lados de la raza de los dioses?


Esta opinión viene precisamente a asentar sobre la superioridad y la inferioridad naturales la diferencia entre el hombre libre y el esclavo, entre la nobleza y el estado llano. 

Equivale a creer que de padres distinguidos salen hijos distinguidos, del mismo modo que un hombre produce un hombre y que un animal produce un animal. Pero cierto es que la naturaleza muchas veces quiere hacerlo, pero no puede.

Con razón se puede suscitar esta cuestión y sostener que hay esclavos y hombres libres que lo son por obra de la naturaleza; se puede sostener que esta distinción subsiste realmente siempre que es útil al uno el servir como esclavo y al otro el reinar como señor; se puede sostener, en fin, que es justa, y que cada uno debe, según las exigencias de la naturaleza, ejercer el poder o someterse a él. 

Por consiguiente la autoridad del señor sobre el esclavo es a la par justa y útil; lo cual no impide que el abuso de esta autoridad pueda ser funesto a ambos. 

El interés de la parte es el del todo; el interés del cuerpo es el del alma; el esclavo es una parte del señor, es como una parte viva de su cuerpo, aunque separada. 

Y así, entre el dueño y el esclavo, cuando es la naturaleza la que los ha hecho tales, existe un interés común, una recíproca benevolencia; sucediendo todo lo contrario, cuando la ley y la fuerza por sí solas han hecho al uno señor y al otro esclavo.

Esto muestra con mayor evidencia, que el poder del señor y el del magistrado son muy distintos, y que, a pesar de lo que se ha dicho, todas las autoridades no se confunden en una sola: 

la una recae sobre hombres libres, la otra sobre esclavos por naturaleza; 

la una, la autoridad doméstica, pertenece a uno sólo, porque toda familia es gobernada por un solo jefe; 

la otra, la del magistrado, sólo recae sobre hombres libres e iguales. 

Uno es señor, no porque sepa mandar, sino porque tiene cierta naturaleza; y por distinciones semejantes es uno esclavo o libre. 

Pero sería posible educar a los señores en la ciencia que deben practicar ni más [28] ni menos que a los esclavos, y en Siracusa ya se ha practicado esto último, pues por dinero se instruía allí a los niños, que estaban en esclavitud, en todos los pormenores del servicio doméstico. 

Podríase muy bien extender sus conocimientos y enseñarles ciertas artes, como la de preparar las viandas{11} o cualquiera otra de este género, puesto que unos servicios son más estimados o más necesarios que otros, y que, como dice el proverbio, hay diferencia de esclavo a esclavo y de señor a señor. 

Todos estos aprendizajes constituyen la ciencia de los esclavos. Saber emplear a los esclavos constituye la ciencia del señor, que lo es, no tanto porque posee esclavos, cuanto porque se sirve de ellos. 

Esta ciencia en verdad no es muy extensa ni tampoco muy elevada; consiste tan sólo en saber mandar lo que los esclavos deben saber hacer. 

Y así, tan pronto como puede el señor ahorrarse este trabajo, cede su puesto a un mayordomo para consagrarse él a la vida política o a la filosofía.

La ciencia del modo de adquirir, de la adquisición natural y justa, es muy diferente de las otras dos de que acabamos de hablar; ella participa algo de la guerra y de la caza.

No necesitamos extendernos más sobre lo que teníamos que decir del señor y del esclavo.

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{6} Teopompo, historiador contemporáneo de Aristóteles, refiere (Ateneo, lib. VI, pág. 265) que los Quiotes fueron los que introdujeron la costumbre de comprar los esclavos, y que el oráculo de Delfos, al tener conocimiento de semejante crimen, declaró: que los Quiotes se habían hecho merecedores de la cólera de los dioses. Esto sería una especie de protesta del cielo contra este abuso de la fuerza. S. H., pág. 12.

{7} Platón habla de este talento de Dédalo en el Eutifron y en el Menon.

{8} Iliada, XVIII, 376.

{9} En la guerra del Peloponeso se degollaba a los prisioneros, y lo refiere Tucídides como si fuera el hecho más indiferente. Lib. I, capítulo XXX, lib. II, cap. V.

{10} En la República aconseja Platón a los griegos que no reduzcan a esclavitud a los griegos y sí sólo a los bárbaros.

{11} La cocina de Siracusa tenía gran reputación. Véase el lib. III de la República de Platón.

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miércoles, 7 de septiembre de 2016

El arte del noble silencio - Thich Nhat Han


"... Habla simplemente cuando sea necesario.


Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca.


Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir las palabras por la boca dejas salir al mismo tiempo parte de tu vitalidad.

Desarrolla el arte de hablar sin perder la energía.


Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.

No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas porque esto producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de intención.

Si no tienes nada verdadero, nuevo y útil que decir es mejor quedarse callado y no decir nada.

Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía. 


El Universo mismo es el mejor ejemplo de espejo que la naturaleza nos ha transmitido porque el Universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo las formas de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.

Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tus decisiones después, así desarrollarás la confianza en ti mismo y en la sabiduría.

Evita el hecho de juzgar y de criticar a la gente. El Tao es imparcial y sin juicios, no critica, tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad. 


Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es separarte, expresar tu opinión personal. 

Es una pérdida de energía, puro ruido.

Deja que cada cual resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Ocúpate de ti mismo.

No te defiendas. Cuando tratas de defenderte estas dando demasiada importancia a las palabras de los otros y das más fuerza a sus opiniones. 


Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que “escuchas”. Que son simplemente opiniones y que no tienes que convencer a los otros para ser feliz.

Tu silencio interno te vuelve sereno. Haz regularmente un ayuno de la palabra para volver a educar al ego. Practica el arte de no hablar.

Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial dejando brotar la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría el “noble silencio”. 


Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y liberarte.

Así pues, quédate en silencio.

Cultiva tu propio poder interno.

Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. 


Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son o lo que tienen capacidad de ser.

Instálate en el silencio y la armonía de todo el universo....".

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Extraído del muro de Cuatro Cuervos en Facebook

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Te he visto... - Virginia Gawel


Te informaron mal

Te han vendido la idea de que "la gente" es egoísta, mala, corrupta: la lacra de esta Tierra.


Te cuento dos cosas. Una: es mentira. Dos: "la gente" también eres tú. Y yo los he visto. A cada uno. Y te vi a ti.

Te he visto en la fila de los que hacen pasamanos de aliento, juntando comida para los inundados, colchones para los desposeídos, abrigo para los perros de la noche, ladrillos para los sin techo, pañuelos para los llorantes...

Allí estabas... Te he visto.

Te he visto, -anónimo y tierno- con quien se quebró como un pájaro contra un vidrio, ayudándole a recoger una por una sus plumas, enjuagándoselas con tus lágrimas.

Allí estabas... Te he visto.

Te he visto gritándole al mundo: "No maten a los animales!". Y luego: "No exploten a los niños!". Y luego "Ni una menos!". 


Te he visto sosteniendo pancartas, reenviando mensajes, insomne ante el vulnerable, dándole albergue en tu corazón al migrante sin tierra.
Allí estabas... Te he visto.

Te he visto acariciar la frente del moribundo, cantándole como a un niño recién parido, para que nazca hacia el Origen. 


Y luego volver a tu casa, con la mirada hecha agüita, para abrazar a los tuyos.

Allí estabas... Te he visto.

Te he visto porque también eres "la gente". "La gente" es un río inmenso y caudaloso. Un río de pechos, de sangre, de cerebros, de manos... un río procreador de Hermosuras, que se abre en manantiales, aquí y allá...

Te he visto cuando te has sentido tan solo como un astro aún no hallado, perdido en el mundo cual si fuera un impiadoso desierto. 


Mira: los otros también están laborando, anónimos y altruistas. Ése es tu linaje. Allí no hay soledad.

Amemos a "la gente", bientratémosla, protejamos su altruismo para que prospere ante la vileza y el escarnio.

Amo a "la gente".

Amo a "la gente" porque entre ellos estás tú.

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"Te informaron mal" - Virginia Gawel - Extraído del muro de Rosanna Ferreira en Facebook
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Centro Transpersonal de Buenos Aires - Directora Lic. Virginia Gawel - http://www.centrotranspersonal.com.ar/ 
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sábado, 3 de septiembre de 2016

La semilla posee un sueño - Osho


La semilla no puede saber qué va a suceder, la semilla nunca ha conocido la flor. Y la semilla no puede siquiera creer que tiene el potencial de convertirse en una hermosa flor.

El camino es largo, y siempre es más seguro no recorrer ese camino porque el trayecto es desconocido, nada está garantizado. Nada puede ser garantizado.

Mil y uno son los riesgos del camino, son muchos los escollos – y la semilla está segura, escondida dentro de una dura coraza. Pero la semilla lo intenta, hace un esfuerzo, tira la dura concha que es su propia seguridad y comienza a moverse.

Inmediatamente la lucha comienza: la lucha con la tierra, con las piedras, con las rocas. Y la semilla era muy dura y el brote será muy, muy suave y los peligros serán muchos.

No había peligro para la semilla, la semilla podía haber sobrevivido por milenios, pero para el brote los peligros son muchos. Pero el retoño emprende hacia lo desconocido, hacia el sol, hacia la fuente de luz, sin saber dónde, sin saber por qué. Enorme es la cruz que ha de cargarse, pero la semilla posee un sueño y la semilla se mueve.

El mismo camino es para el hombre. Es arduo. Mucho valor se necesitará.

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Extraído del muro de Vcastillo Vcastillo en Facebook
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