jueves, 26 de septiembre de 2013

La sabiduría es como una oruga - Kodo Sawaki

 
Un médico me dijo:

“Soy doctor en medicina y en los estudios fui siempre el primero. Cuando empecé a ejercer, estaba seguro de convertirme en el mejor médico de todo Japón. Pero ninguno de los pacientes que acudían a mí se parecía a lo que había leído en los libros. Si no reinventara la medicina de nuevo, no podría ofrecer ninguna ayuda a mis pacientes”.

Así es la vida. Si un monje zen confiara en que su satori de ayer sigue siendo válido hoy, se estaría haciendo demasiadas ilusiones.

Cada instante es el primero de tu vida. Cada instante es el último de tu vida. La verdad cambia a cada instante y, al mismo tiempo, la verdad es la vida eterna.

En este instante vuelas por el universo entero, pero eso no significa que ya lo hayas recorrido todo. Queda ahí suficiente espacio para seguir volando, suficiente espacio para que sigas volando el resto de tus días.

¿Experimentaste una vez el satori y desde entonces todo está en orden? No, desgraciadamente no es tan sencillo.

El satori sólo tiene validez en este preciso instante. En el instante siguiente ya ha pasado, ha muerto.

Cuanto más te estiras para alcanzar el budismo, más se aleja; cuanto más te rompes la cabeza con él, más difícil será que lo entiendas.

“Ir más allá de Buda” significa ir al fondo de las profundidades sin fondo: no existe un punto final que alcanzar.

Si crees haber escalado hasta el punto más alto y haber logrado el satori, a continuación irás cuesta abajo.

Practicar el zen significa continuar escalando durante toda tu vida. Si quieres practicar el zen, tienes que tener el desapego necesario para decirte que la práctica durará todo tu vida.

La sabiduría se compara a menudo con una oruga. No permanece en el vacío en cuanto vacío.

Pero tampoco se queda en el ser en cuanto ser. Se mueve como una oruga, en todas direcciones. En la vía del Buda no hay “respuestas correctas”.

Aquello a lo que se le puede dar forma en un molde está muerto. Como una grabación magnetofónica. Nada para personas de carne y hueso cuya vida es lo que está en juego.

¿Queréis grabar mis palabras en el magnetófono para después escucharlas en el “club de fans de Sawaki roshi”? ¡Todo lo que tengo que deciros es válido sólo en este instante!

Escuchar una charla sobre el Dharma es como comer. Una vez que ha pasado el momento, vuelves a tener hambre.

Cuando oigas las enseñanzas debes escucharlas con un espíritu tan claro y abierto como el cielo.

Si tu espíritu se expande con tal amplitud, serás uno con el universo, entrarás en un samadhi ilimitado.

A esto se le llama “escuchar la doctrina”.

Si nadie me escuchara, no haría falta que me preocupara de lo que debería decir.

Simplemente soñaría despierto y bostezaría de vez en cuando.

Por eso es importante para mí que alguien me pida predicar las enseñanzas y me escuche.

Estoy agradecido por ello.

Y si pienso en lo que debo decir mañana, es entonces cuando las enseñanzas toman forma con claridad en mí mismo.

Este instante no debe ser la continuación del anterior. Has de hacer borrón y cuenta nueva y empezar a vivir este año totalmente de nuevo. Has de empezar a vivir este mes totalmente de nuevo, y hoy has de empezar una vez más a vivir este día totalmente de nuevo.

Cada día te enfrentas a ese día por primera vez.

Eterno es sólo este instante, eterno aquí y ahora. Este instante ilimitado constituye tu vida presente, que siempre es un hecho totalmente nuevo.

También el pasado, contemplado desde el instante presente, es un pasado totalmente nuevo.

En el día de hoy te sientas en zazen por primera vez en tu vida.

Enfrenta por tanto cada día con la misma frescura con que recibes el Año Nuevo.

En zazen, cada día es día de Año Nuevo. ¡Próspero Año Nuevo!

La cuestión y el contenido de tu práctica en este momento ha de ser cómo enfrentas de nuevo cada momento.

En su ordenación, algunos monjes se preguntan:

“¿Seré realmente capaz de llevar la vida de monje durante el resto de mis días?”.

¡No te crees preocupaciones innecesarias! Sé sencillamente un monje sólo por este día.

Sé a diario monje por un día. Así podrás vivir tu vida de monje, día a día.

Cada día es el primero de la vida. Vive este día como si hubieras venido al mundo en este día.

Tienes tu propia tarea. El día de hoy presenta su propia tarea.

Si abres los ojos a este instante –aquí y ahora, y en constante movimiento– te darás cuenta de que nada falta en él.

El día de hoy es por completo el día de hoy: completo y concluso.

Incluso a mi edad, soy todavía un principiante en el zazen. Si por el contrario empezamos a tenernos por experimentados, nos engañaremos a nosotros mismos.

¿“Zazen para veteranos”? ¡No digas chorradas! El zazen ha de ser siempre totalmente nuevo. Por eso lo mejor es practicarlo siempre con espíritu de principiante. No creas que tu práctica ha madurado una vez que te has convertido en “veterano”.

Sé siempre un principiante en zazen. Nunca olvides cómo te sentías la primera vez que pisaste la sala de meditación. Este sentimiento de respeto nos acerca mucho al zazen. Nunca olvides tu primer zazen, no te conviertas en un “profesional” del zazen.

Tu práctica no va a avanzar únicamente porque te vayas haciendo mayor. Haz zazen ahora, mientras seas lo bastante joven para ello. Lo que hagas, hazlo siempre con espíritu lozano y con todas tus fuerzas.

Nunca descubres a Buda de manera definitiva. Siempre has de descubrir un Buda nuevo, una y otra vez. No hay tiempo para hacer descansos. Siempre has de escuchar una enseñanza totalmente nueva. Buda llena todo el ilimitado universo.

La pregunta es: ¿cuánto de él alcanzamos a ver? Nunca debemos perder de vista a Buda.

También cuando leemos a Marx o Engels hemos de reconocer ahí a Buda.

Buda significa la vida que vivimos conforme a la gran naturaleza. Buda significa el hecho de que el universo vive en sí.

Cada minuto y segundo de tu vida tu cuerpo humano vive esta vida universal, ni una fracción de ella te pertenece a ti personalmente. A esto se le llama el rostro verdadero.

Ser Buda significa vivir la vida de tu verdadero rostro y no tu vida personal, individual. Por eso no hay recesos para un Buda.

Creer en la red de causas y efectos significa creer en lo ilimitado. Significa creer en el continuo cambio de lo ilimitado. Dentro de este cambio ilimitado, nuestra vida no es más que un simple fotograma.


Existe una gran contradicción entre la ley de la causalidad y la sucesión de instantes independientes que surgen y se desvanecen:

el surgir y desvanecerse a cada instante significa que este momento es completamente diferente del anterior, y que el siguiente es diferente de éste.

Por otra parte, reconocemos la ley de la causalidad en que la orina de hoy contiene la comida de ayer.

Por mucho que trates de ocultar que ayer llenaste el buche con carne y cebolla, hoy lo revela el olor de tu orina.

Visto de este modo, el día de hoy es la continuación del de ayer, y el día de mañana es la consecuencia del de hoy.

Y, sin embargo, cada instante surge y se desvanece una y otra vez.

No podrás resolver esta contradicción por medio del entendimiento, no lograrás analizar lo ilimitado en tu cabeza.

Lo que es capaz de comprender sin contradicción esta contradicción se denomina “no-pensamiento” o, como se dice en el Shodoka (“Canto del inmediato satori”):

“entrar directamente, de un salto, en la esfera del tathagata”.

El viejo ciruelo vuelve a florecer este año. Lo que es extremadamente viejo es también constantemente nuevo.

Donde lo nuevo se encuentra con lo viejo, ahí das con el sentido oculto del Dharma de Buda.


* * *

Extraído del libro "El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos", de Kodo Sawaki.

Traducido del alemán por el Grupo de Traductores de Luz Serena.

(*) Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés.

Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo.

Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji.

Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen.

Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes.

Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.

Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.

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Extraído de: http://dokushovillalba.blogspot.com.ar/2010/12/el-zen-es-la-mayor-patrana-de-todos-los_21.html
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